Alguno de ustedes se preguntará acerca del significado del título pues en sí parece una contradicción. Cualquier experto les aconsejaría no tomar decisiones cuando se deban contemplar muchos factores, se disponga de poco tiempo para su análisis, se deban alcanzar objetivos y estén en juego opciones trascendentes, es decir, bajo presión.
Pero eso es sólo teoría, la realidad es bien distinta, pues ese es el contexto inevitable de muchas de nuestras decisiones.

Para entenderlo debemos remontarnos a la denominada Teoría del Espejo atribuible al psicoanalista Jacques Lacan, en la que explica la formación del yo en la fase de desarrollo psicológico de un niño con una edad comprendida entre los seis y dieciocho meses. Éste cuando se mira al espejo se reconoce y se alegra de verse. A partir de aquí, la idea o teoría del espejo se define básicamente en que la realidad el otro no existe, es decir, las relaciones interpersonales son relaciones con uno mismo.