¿Qué quieres ser de mayor?

¿Qué quieres ser de mayor?Interesante pregunta. Nos la hemos hecho a nosotros mismos y ahora también se la hacemos a nuestros hijos.

Nos preocupa el futuro profesional. Queremos seguridad, certeza, saber que nos enfocaremos adecuadamente. Saber que daremos a nuestros hijos la formación adecuada para un futuro profesional alentador.Pero, ¿cuál es la profesión adecuada? En el Tíbet, los maestros observan jugar a los niños y descubren así su potencial. Cuando el tiempo no transcurre para ellos, es cuando muestran su verdadera identidad, su capacidad y su talento, aquello para lo que han nacido. Muchos lo llaman “estar en flow”.

Si además de descubrir nuestro “flow” nos formamos adecuadamente, ese talento alcanzará su máximo exponente. Según Howard Gardner, científico de la Universidad de Harvard, y autor de la teoría de las inteligencias múltiples, el talento se puede desarrollar si se estimula, si se trabaja.

Así que si sabemos qué queremos, podemos orientarnos a ello, y elegir la formación que nos estimule y apasione, de manera que el aprendizaje sea toda una experiencia de vida apasionante.

De hecho, “escuela” viene del griego, “σχολἠ”, que originariamente significaba un lugar para el juego, para la reflexión y el aprendizaje vital no instruido, donde se iba a descansar y disfrutar.  La escuela era el lugar donde, libre de preocupaciones o de las urgencias de la vida, las personas tenían tiempo para formarse y cultivarse, dedicándose a lo que las gustaba y las humanizaba. Además, el verbo “studeo”, significaba “dedicarse a algo con afán”, “poner empeño”… Estudiar era poner el alma en algo que a uno le gustaba y hacía libremente. Lo cual no significaba que no exigiera un esfuerzo.

A ustedes, ¿les han observado de pequeños? ¿Observan a sus hijos mientras juegan? La vida nos aporta nuevas oportunidades y por suerte, siempre podemos observarnos, identificarnos y enfocarnos adecuadamente. La neurociencia demuestra que siempre podemos aprender, incluso en la vejez, si sabemos cómo.

Lo importante es identificar nuestro potencial y desarrollarlo. El enfoque es fundamental para optimizar el esfuerzo y los resultados. La perseverancia es otra competencia indispensable, que nos permite “llegar a la meta”, es decir, resistir ante la adversidad, teniendo el foco en el objetivo, en el resultado final, y sobretodo, aprender de los fracasos.

Pero otra competencia crucial es la confianza en uno mismo. Esta es la que nos permite plantearnos objetivos, desafíos o metas, y nos permite superarlos. Es la que no permite que otros te cuestionen. Y ésta, se construye en la niñez, en los 8 primeros años, con el cariño, la confianza y el apoyo de los padres.

La confianza en uno mismo está relacionada con el autoconcepto y la autoestima. De cómo nos vemos, depende nuestra valoración y por ende la confianza.  Un niño se verá como le vean sus padres.

Así, que todos tenemos un importante desafío: aportar a nuestros hijos las competencias que les construyan como líderes en el futuro.

Tal como decía Charles Chaplin, “Hay que tener fe en uno mismo. Ahí reside el secreto. Aun cuando estaba en el orfanato y recorría las calles buscando qué comer para vivir, incluso entonces, me consideraba el actor más grande del mundo. Sin la absoluta confianza en sí mismo, uno está destinado al fracaso.”

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