
Esta semana asistí al mercadillo – escuela de emprendedores, en el que alumnos de primaria y secundaria de 8 a 13 años, vendían los productos de las empresas que durante el curso escolar han constituido, como práctica para el desarrollo del espíritu emprendedor.
En cada empresa, pude observar a alumnos que elaboraban las manualidades, a los que exponían públicamente sus proyectos, a los que perseguían a los viandantes para vender sus productos, a los que cuidaban del punto de venta, etc.
Curiosamente, sin darse cuenta, estaban trabajando en equipo. Cada uno con sus responsabilidades y de forma natural, ponía en práctica su talento, realizando aquella actividad que se le daba mejor.
Realmente tanto las escuelas como las entidades públicas de promoción del emprendimiento implicadas, tienen claro que la mejor manera de construir emprendedores es fomentándolo desde la niñez.
Los científicos sociales han descubierto que el bajo rendimiento no significa necesariamente que carezcamos de aptitudes o capacidad. Antes bien, podría deberse a nuestra consciencia de los estereotipos que otros tienen sobre nosotros o sobre el grupo social al que pertenecemos.
Alguno de ustedes se preguntará acerca del significado del título pues en sí parece una contradicción. Cualquier experto les aconsejaría no tomar decisiones cuando se deban contemplar muchos factores, se disponga de poco tiempo para su análisis, se deban alcanzar objetivos y estén en juego opciones trascendentes, es decir, bajo presión.