Estudios recientes de científicos de universidades de todo el mundo, acerca de la importancia de los estereotipos o clasificaciones de los grupos a los que pertenecemos o de nuestro propio talento, tiene una incidencia directa sobre nuestros resultados. Nos influye.
Los científicos sociales han descubierto que el bajo rendimiento no significa necesariamente que carezcamos de aptitudes o capacidad. Antes bien, podría deberse a nuestra consciencia de los estereotipos que otros tienen sobre nosotros o sobre el grupo social al que pertenecemos.
El otro día una de mis alumnas me explicaba sus dificultades para vender sus servicios. Convencida de que ese no es su talento. De que vender no es lo suyo, pues no le surgen las palabras adecuadas, se altera e incluso puede llegar a bloquearse.
Es algo parecido al miedo escénico, a hablar en público.

Para entenderlo debemos remontarnos a la denominada Teoría del Espejo atribuible al psicoanalista Jacques Lacan, en la que explica la formación del yo en la fase de desarrollo psicológico de un niño con una edad comprendida entre los seis y dieciocho meses. Éste cuando se mira al espejo se reconoce y se alegra de verse. A partir de aquí, la idea o teoría del espejo se define básicamente en que la realidad el otro no existe, es decir, las relaciones interpersonales son relaciones con uno mismo.