Mentes brillantes

¿Saben qué hace diferentes a las personas de éxito? Su forma de pensar.

El pensamiento es una capacidad que todos tenemos. Lo hacemos en base a la información que recogemos y en este proceso ya somos diferentes.

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Cada uno de nosotros tenemos una percepción de los hechos, de nuestro entorno, de la información que se encuentra a nuestro alrededor. Los docentes sabemos que explicaremos el mismo tema a 100 alumnos y cada uno de ellos tomará diferentes anotaciones y recordará aspectos distintos de lo hablado en clase.

En primer lugar, prestamos atención a hechos que nos interesen en un momento concreto. Cuando estén pensando en comprar un coche, verán muchos modelos circulando como el que hayan elegido… Hay los mismos, solo que ahora les prestan atención.

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Espejo, espejito, ¿quién soy yo en realidad?

“Todo lo que te molesta de otros seres es sólo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo”(Buda)

espejo reflejoPara entenderlo debemos remontarnos a la denominada Teoría del Espejo atribuible al psicoanalista Jacques Lacan, en la que explica la formación del yo en la fase de desarrollo psicológico de un niño con una edad comprendida entre los seis y dieciocho meses. Éste cuando se mira al espejo se reconoce y se alegra de verse. A partir de aquí, la idea o teoría del espejo se define básicamente en que la realidad el otro no existe, es decir, las relaciones interpersonales son relaciones con uno mismo.

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¿Cómo pensamos las mujeres?

rubioLa doctora Louann Brizendine es una de las personas que más sabe sobre la influencia de las hormonas en el cerebro femenino. En el centro específico para mujeres que dirige en San Francisco, lleva años investigando y tratando los cambios de humor, la ansiedad o las disfunciones sexuales asociadas a los niveles hormonales.
Según sus estudios,  todos tenemos, desde la concepción y hasta las ocho semanas de vida fetal, circuitos cerebrales de tipo femenino. Después de la octava semana de vida fetal, los diminutos testículos del feto masculino empiezan a liberar enormes cantidades de testosterona con las que «impregnan» los circuitos cerebrales y los transforman del tipo femenino al tipo masculino. De esta manera, por ejemplo, el centro cerebral que denominamos técnicamente la zona del «impulso sexual» dobla su tamaño en el cerebro masculino.
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