Liderazgo extremo

el libro de la selvaEl liderazgo está en boga. En cualquier sector, en cualquier situación o edad, afloran líderes que toman decisiones, asumen riesgos y consiguen salir hacia delante.

Son los que resuelven situaciones, de forma más o menos certera, pero consiguen que el grupo les siga conscientes de que puede equivocarse. Porque es humano. No es un súper héroe, sino un valiente, que consciente de los riesgos y de sus temores, decide avanzar.

¿Se han encontrado en alguna situación de caos o desconcierto, en la que todos opinan pero nadie actúa? ¿Quién resuelve?

La definición más común de liderazgo es la que le otorga la capacidad de influir y conducir personas hacia un objetivo común. Cierto, pero sólo nos está describiendo una habilidad del líder, no el concepto de liderazgo en toda su magnitud.

En base a esta escueta definición se alzan miles de teorías sobre el liderazgo. Seguro que todos hemos asistido a alguna charla que se focaliza en las habilidades interpersonales del líder.

Deberíamos preguntarle a algún líder empresarial, de ONGs, cultural, deportista, etc., si sus logros se fundamentan únicamente en las habilidades interpersonales. Si viéramos esta habilidad como única característica de una persona para otorgarle el título de líder, cualquier “charlatán” podría obtenerlo. Y no solo eso. Estaríamos subestimando la capacidad de los seguidores, quienes en principio, no sabrían distinguir entre un líder y un buen orador.

En la sociedad actual, global, conectada, formada, en la que las noticias se divulgan en tiempo récord y la información está al alcance de todos, resulta difícil pensar que alguno de nosotros seguiría a alguien sin verificar sus argumentos, por muy bien que se los exponga.

El líder es algo más completo. Requiere de formación especializada y también vivencial (la que le aportará su propia experiencia) y necesitará para ello, contar con todo su ingenio, o lo que es lo mismo, con todo su cerebro. La parte intuitiva (hemisferio derecho), que es creativa, genera ideas, las asocia y aporta soluciones. Y la lógica (el izquierdo), que las analiza, las evalúa y las pone en práctica.

Esto seria como la arcilla para un alfarero: el material necesario para esculpir una obra de arte. Su experiencia de vida será la que conseguirá darle la forma deseada. Ésta, condiciona la información que guardamos y va ligada a la parte lógica, pues allí se ubican el aprendizaje y la memoria. De nuestros intereses y de cómo archivemos experiencias y aprendizajes, dependerán nuestras decisiones futuras.

Por ello, no debería ser determinante influir en los demás, ni siquiera en nuestros hijos, sino que enseñarles a pensar por si mismos. Porque así les ayudaremos a desarrollar su potencial, de manera que les permita focalizarse, recoger la información adecuada, aprender y tomar sus propias decisiones. Estaremos contribuyendo a crear nuevos líderes.

Por mi parte, prefiero confiar en aquellos líderes que se esfuerzan en alcanzar un desarrollo completo. Que consiguen resultados, que se arriesgan y toman decisiones cuando nadie lo hace. Que se la juegan y a veces aciertan, otras no, pero tienen la capacidad de levantarse cuantas veces sea necesario para seguir avanzando.

Que son capaces de soportar la presión, de adaptarse y en situaciones extremas, con incertidumbres, riesgos, problemas de envergadura o complejos, tienen la capacidad de concentrarse, analizar la situación y resolverla.

Y ustedes, ¿a que tipo de líder escogerían seguir?

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¿Qué versión eres de ti mismo?

Las personas somos cambio. Lo llevamos en nuestro ADN. Desde la aparición del primer Neandertal hace 40 millones de años hasta hoy, el seimagen Version de ti mismor humano ha cambiado mucho. Cambiamos por nuestro instinto más básico, el que predomina en nosotros: el de supervivencia.
Este instinto es el que nos da una capacidad inconsciente de adaptación, que puede llegar a producir cambios incluso en el aspecto físico,
como se ha demostrado en la teoría de la
evolución de Darwin.

Esta capacidad es innata. Podemos adaptarnos a los cambios sin siquiera tener consciencia de ello.

Recuerdo en este sentido, mi experiencia directiva en una multinacional italo-germana, con filial en España, ubicada en Barcelona, en los años 90. Aquella época, en las multinacionales, nos modelábamos en los ejecutivos de NYC. El ritmo era frenético. La competitividad entre nosotros también. Aquello era similar a una selva. De hecho, se pusieron de moda las competiciones de equipos directivos en la Amazonia Brasileña con riesgo incluso vital. Los que estuvimos allí nos adaptamos. Cambiamos. Sobrevivimos.

Entonces, si las personas somos cambio, si tenemos esta capacidad innata de adaptación, ¿por qué nos aferramos a la seguridad? ¿Por qué nos da miedo el cambio?

Es más, ¿Por qué cuestionamos a las personas que se atreven a cambiar?

Por educación, por cultura, por anclaje social. Para poder vivir en sociedad se requieren normas escritas que garanticen la convivencia, pero también existen normas de mayor peso, que no están escritas.

Estas normas definen modelos para nuestro estilo de vida. A quienes no los cumplen, les consideramos aventurados, temerarios e irreflexivos. No nos planteamos que su irreverencia sea fruto de una reflexión y una decisión asertiva, coherente con su identidad, con su esencia.

Muchos pensamos que las personas no cambian. Cierto. Aquellas que no son conscientes de la necesidad de mejorar, aprender y avanzar, nunca lo hacen. ¿Conocen a alguien que siempre ha sido exactamente igual? ¡Seguro que sí!

Y por otro lado, ¿conocen a alguien que en su infancia fuera irrelevante y hoy en día tenga éxito? ¿Qué le habrá pasado? Probablemente se ha planteó objetivos diferentes y cambió. Ha sido capaz de reversionarse, de actualizarse.

Hoy, si se encuentran en un momento de cambio, piensen que lo más difícil ya lo han hecho: tomar la decisión. Ahora serán necesarios diferentes análisis, valoraciones, alternativas, nuevos enfoques, etc. Entraran en una zona desconocida que les generará inseguridad. Es lógico. Es un camino que todavía no han recorrido. No lo conocen y sólo por ello, tienen miedo. El miedo es una emoción que te impide avanzar, te paraliza.

Necesitaran apoyos, asesoramiento, información y formación. El conocimiento nos da seguridad y nos permite entender mejor las cosas. Nos aporta objetividad y una visión más completa de la realidad.

Plantéense diferentes escenarios y analicen su posición competitiva para cada uno. Así podrán compararse y elegir aquellos en los que obtenga una mejor puntuación. Valoren su formación, sus competencias, su experiencia, su conocimiento del sector, contactos clave, etc. Todo aquello que les haya erigido como los profesionales que son hoy en día. A partir de aquí, elijan sólo uno o dos escenarios y enfóquense en ellos. Así aprovecharan todo su potencial y no desperdiciaran capacidad. ¡Podrán ver las oportunidades! Ya serán una nueva versión de si mismos. Pues a partir de ahora, el cambio ya vuelve a formar parte de su ADN.

Liderazgo humanista para 2017

Una investigación reciente reporta que sólo el 38% de los empleados califican a sus líderes como efectivos. Se trata de una importante información, pues el compromiso de los empleados que creen eficientes a sus líderes es hasta 5 veces mayor que el cogeorge-lucas-lado-oscurompromiso de quienes los perciben como ineficientes.

Así, la percepción hacia el líder es fundamental para conseguir el “engagement” de las personas hacia las organizaciones. En este sentido, el liderazgo humanista parte de un principio claro: la empresa la constituyen, fundamentalmente, personas.

Así el liderazgo lo ejercen personas, de “carne y hueso”. La creencia de que los líderes son personas fuera de lo normal es errónea. Al contrario, los líderes son personas, absolutamente, normales. En todo caso, hacen su trabajo de una manera extraordinaria. Cualquier persona por el hecho de serlo tiene la potencialidad de convertirse en líder. Como señalan Kouzes y Posner la gente normal pueden llegar a ser líderes. Entienden que el liderazgo es un conjunto de prácticas observables y que se pueden aprender. Así dado que el liderazgo es un proceso susceptible de aprendizaje, se pone al alcance de aquellas personas que sientan la vocación y tengan la determinación de llegar a ser líderes, pues con la formación adecuada es posible.

El camino del liderazgo empieza por conocerse bien.  El líder conoce sus debilidades y fortalezas. En su acción directiva se enfoca a sus fortalezas y busca en otras personas el talento que le complemente. En este sentido, la humildad es condición indispensable de su manera de proceder.  Los buenos líderes “saben que no lo saben todo” y, por tanto, son conscientes de que van a necesitar del conocimiento de los demás.

También, que están dispuestos a “aprender a aprender”. Su reto es el de dirigir el talento de los demás en la consecución de los objetivos comunes.

Otra particularidad del liderazgo humanista es su capacidad de enseñar a los demás. Es pedagogo, educa a los demás. La metodología que emplea es doble. Por un lado, el ejemplo. La importancia de los hechos, de los comportamientos por encima de las palabras. El ejemplo, a corto y largo, genera credibilidad y confianza. Para ello, la voluntad y la perseverancia resultan decisivas. Y por otro lado, transmite seguridad en lo que hace.

Se sabe prescindible. “No se aferra a la silla”. Prepara a fondo a aquella persona o personas que puedan relevarle. Su sentido de la responsabilidad le lleva a actuar de este modo y así  garantizar la supervivencia de su legado.

Tiene capacidad de cambio. Liderazgo y cambio son realidades, intrínsecamente, unidas. Hoy en día el cambio es una realidad empresarial. En una sociedad globalizada la sensibilidad al mercado y la capacidad de adaptación inmediata son factores competitivos clave. Se cambia para avanzarse, mejorar, ir hacia delante y crecer.

Tiene el rumbo claro y sabe hacia dónde quiere ir. Está “apasionado” con su trabajo, “enamorado” de lo que hace y realmente entregado a la empresa todos los días.

Tiene capacidad para ilusionar a la gente. Transmite la pasión que siente a su entorno. Pero además, es capaz de dotar de sentido al trabajo de los demás.  Como afirma Pérez-López, cuando es capaz de llegar a los motivos más hondos de la acción humana, ayudando a sus subordinados a descubrir el valor y el sentido de lo que están haciendo, entonces, y sólo entonces, es un líder.