¿Qué versión eres de ti mismo?

Las personas somos cambio. Lo llevamos en nuestro ADN. Desde la aparición del primer Neandertal hace 40 millones de años hasta hoy, el seimagen Version de ti mismor humano ha cambiado mucho. Cambiamos por nuestro instinto más básico, el que predomina en nosotros: el de supervivencia.
Este instinto es el que nos da una capacidad inconsciente de adaptación, que puede llegar a producir cambios incluso en el aspecto físico,
como se ha demostrado en la teoría de la
evolución de Darwin.

Esta capacidad es innata. Podemos adaptarnos a los cambios sin siquiera tener consciencia de ello.

Recuerdo en este sentido, mi experiencia directiva en una multinacional italo-germana, con filial en España, ubicada en Barcelona, en los años 90. Aquella época, en las multinacionales, nos modelábamos en los ejecutivos de NYC. El ritmo era frenético. La competitividad entre nosotros también. Aquello era similar a una selva. De hecho, se pusieron de moda las competiciones de equipos directivos en la Amazonia Brasileña con riesgo incluso vital. Los que estuvimos allí nos adaptamos. Cambiamos. Sobrevivimos.

Entonces, si las personas somos cambio, si tenemos esta capacidad innata de adaptación, ¿por qué nos aferramos a la seguridad? ¿Por qué nos da miedo el cambio?

Es más, ¿Por qué cuestionamos a las personas que se atreven a cambiar?

Por educación, por cultura, por anclaje social. Para poder vivir en sociedad se requieren normas escritas que garanticen la convivencia, pero también existen normas de mayor peso, que no están escritas.

Estas normas definen modelos para nuestro estilo de vida. A quienes no los cumplen, les consideramos aventurados, temerarios e irreflexivos. No nos planteamos que su irreverencia sea fruto de una reflexión y una decisión asertiva, coherente con su identidad, con su esencia.

Muchos pensamos que las personas no cambian. Cierto. Aquellas que no son conscientes de la necesidad de mejorar, aprender y avanzar, nunca lo hacen. ¿Conocen a alguien que siempre ha sido exactamente igual? ¡Seguro que sí!

Y por otro lado, ¿conocen a alguien que en su infancia fuera irrelevante y hoy en día tenga éxito? ¿Qué le habrá pasado? Probablemente se ha planteó objetivos diferentes y cambió. Ha sido capaz de reversionarse, de actualizarse.

Hoy, si se encuentran en un momento de cambio, piensen que lo más difícil ya lo han hecho: tomar la decisión. Ahora serán necesarios diferentes análisis, valoraciones, alternativas, nuevos enfoques, etc. Entraran en una zona desconocida que les generará inseguridad. Es lógico. Es un camino que todavía no han recorrido. No lo conocen y sólo por ello, tienen miedo. El miedo es una emoción que te impide avanzar, te paraliza.

Necesitaran apoyos, asesoramiento, información y formación. El conocimiento nos da seguridad y nos permite entender mejor las cosas. Nos aporta objetividad y una visión más completa de la realidad.

Plantéense diferentes escenarios y analicen su posición competitiva para cada uno. Así podrán compararse y elegir aquellos en los que obtenga una mejor puntuación. Valoren su formación, sus competencias, su experiencia, su conocimiento del sector, contactos clave, etc. Todo aquello que les haya erigido como los profesionales que son hoy en día. A partir de aquí, elijan sólo uno o dos escenarios y enfóquense en ellos. Así aprovecharan todo su potencial y no desperdiciaran capacidad. ¡Podrán ver las oportunidades! Ya serán una nueva versión de si mismos. Pues a partir de ahora, el cambio ya vuelve a formar parte de su ADN.

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Liderazgo humanista para 2017

Una investigación reciente reporta que sólo el 38% de los empleados califican a sus líderes como efectivos. Se trata de una importante información, pues el compromiso de los empleados que creen eficientes a sus líderes es hasta 5 veces mayor que el cogeorge-lucas-lado-oscurompromiso de quienes los perciben como ineficientes.

Así, la percepción hacia el líder es fundamental para conseguir el “engagement” de las personas hacia las organizaciones. En este sentido, el liderazgo humanista parte de un principio claro: la empresa la constituyen, fundamentalmente, personas.

Así el liderazgo lo ejercen personas, de “carne y hueso”. La creencia de que los líderes son personas fuera de lo normal es errónea. Al contrario, los líderes son personas, absolutamente, normales. En todo caso, hacen su trabajo de una manera extraordinaria. Cualquier persona por el hecho de serlo tiene la potencialidad de convertirse en líder. Como señalan Kouzes y Posner la gente normal pueden llegar a ser líderes. Entienden que el liderazgo es un conjunto de prácticas observables y que se pueden aprender. Así dado que el liderazgo es un proceso susceptible de aprendizaje, se pone al alcance de aquellas personas que sientan la vocación y tengan la determinación de llegar a ser líderes, pues con la formación adecuada es posible.

El camino del liderazgo empieza por conocerse bien.  El líder conoce sus debilidades y fortalezas. En su acción directiva se enfoca a sus fortalezas y busca en otras personas el talento que le complemente. En este sentido, la humildad es condición indispensable de su manera de proceder.  Los buenos líderes “saben que no lo saben todo” y, por tanto, son conscientes de que van a necesitar del conocimiento de los demás.

También, que están dispuestos a “aprender a aprender”. Su reto es el de dirigir el talento de los demás en la consecución de los objetivos comunes.

Otra particularidad del liderazgo humanista es su capacidad de enseñar a los demás. Es pedagogo, educa a los demás. La metodología que emplea es doble. Por un lado, el ejemplo. La importancia de los hechos, de los comportamientos por encima de las palabras. El ejemplo, a corto y largo, genera credibilidad y confianza. Para ello, la voluntad y la perseverancia resultan decisivas. Y por otro lado, transmite seguridad en lo que hace.

Se sabe prescindible. “No se aferra a la silla”. Prepara a fondo a aquella persona o personas que puedan relevarle. Su sentido de la responsabilidad le lleva a actuar de este modo y así  garantizar la supervivencia de su legado.

Tiene capacidad de cambio. Liderazgo y cambio son realidades, intrínsecamente, unidas. Hoy en día el cambio es una realidad empresarial. En una sociedad globalizada la sensibilidad al mercado y la capacidad de adaptación inmediata son factores competitivos clave. Se cambia para avanzarse, mejorar, ir hacia delante y crecer.

Tiene el rumbo claro y sabe hacia dónde quiere ir. Está “apasionado” con su trabajo, “enamorado” de lo que hace y realmente entregado a la empresa todos los días.

Tiene capacidad para ilusionar a la gente. Transmite la pasión que siente a su entorno. Pero además, es capaz de dotar de sentido al trabajo de los demás.  Como afirma Pérez-López, cuando es capaz de llegar a los motivos más hondos de la acción humana, ayudando a sus subordinados a descubrir el valor y el sentido de lo que están haciendo, entonces, y sólo entonces, es un líder.

Determinación

nelson-mandelaDel latín determinatio, la determinación es la acción de abordar o decidir una cosa, de manera firme. También se asocia con el valor, intrepidez y resolución ante los peligros o dificultades. Son sinonimos de determinación la resolución, iniciativa, decisión, audacia, osadía y el valor.

Se conoce como autodeterminación a la autonomía o independencia de una persona, grupo, comunidad o nación. La autodeterminación concede la capacidad para tomar decisiones por cuenta propia, sin tener que pedir permiso.

La determinación te permite tomar decisiones y actuar en consecuencia. Te permite reaccionar, adaptarte a los cambios, al mercado, al día a día. ¡Claro que requiere osadía, iniciativa y valor! El valor es necesario para adaptarse al cambio, para atreverse a innovar. La osadía es ese punto de atrevimiento mesurado que te permite actuar de forma estratégica. Y la iniciativa es esa capacidad de crear, de emprender, de tener ideas, de generar y compartir visión de futuro.

La determinación es el pilar de las personas fuertes, ejecutivas, decisivas, capaces de crear empresa, de arriesgarse, de fracasar, aprender, perseverar y triunfar.

Geert Hofstede, un científico alemán, realizó un estudio comparativo de las características culturales de 70 países. Creó 6 ítems. Uno de ellos es el individualismo vs colectivismo, otro la aversión vs propensión a la incertidumbre.

Cuanto más individualista seas, más orientado estás a objetivos sin esconder tu talento. Lo contrario es ser colectivista, orientado a la voluntad del grupo o de la comunidad, por encima de la propia y a camuflar el talento para no destacar por encima del grupo.

En cuanto a la propensión a la incertidumbre, implica acción, ser determinante, emprendedor e innovador. En cambio, la aversión al riesgo, implica reflexión, ser más protocolario y de proceso.

EEUU es individualista (índice 91) y con una baja aversión a la incertidumbre (46). Allí existe cultura emprendedora, innovadora y de tolerancia al fracaso como parte necesaria para el éxito.

Nuestro país poco individualista (índice 51) y con una elevada aversión a la incertidumbre (índice 86). En este contexto, destacar es difícil. La determinación para emprender es exclusiva de unos pocos.

¿Conocen a alguien?

Yo si. Son los líderes que crean empresas y por ende ocupación. Sin ellos, ningún sistema económico seria sostenible.

La determinación de ser un líder es una opción de vida. Implica un camino de aprendizaje y mejora continuado. En él habrá momentos de éxtasis y de desencanto, un continuo desafío que nos mantendrá en alerta y la poderosa sensación de transcender.

En Ingenio, leadership school llevamos años investigando a líderes empresariales y todos son ejemplo de determinación.

Este año han participado más de 40 directivos, y los resultados han sido extraordinarios. Todos han superado niveles de liderazgo del 70%. Ello implica esfuerzo, tenacidad, perseverancia, estrategia y sobretodo, determinación. En nuestro país, tenemos la determinación que construye a grandes líderes. Y en Ingenio se lo reconocemos con el Premio al líder del año. Se lo merecen por atreverse a destacar, por arriesgarse, emprender y aprender.

Porque como decía Walt Disney, emprendedor y millonario, “un día como cualquier otro decidí triunfar. No esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas. Ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución. Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos. Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar”.